
Nombre: Myon Tahiti.
Raza: Ondina.
Nacionalidad: Midjorita.
Edad (en ciclos lunares): 492 (41 años).
Descripción física:
Tiene la piel morena, con un lunar en el lateral derecho del rostro. Sus ojos son rasgados y de un color añil muy oscuro. Su melena, de tono azul oscuro, es corta, escalada sobre su cuello y a los lados de la cara, emmarcándola como flequillo sobre el rostro. Es de complexión atlética, alta (1,81 m) y musculosa. Sus labios son un poco carnosos y tiene una cicatriz que va desde la parte izquierda de su clavícula hasta la mitad del bíceps.
Descripción psicológica:
Esta ondina posee un carácter introvertido, prudente y muy paciente, que siempre la ha ayudado en los momentos más difíciles. Es también una persona reflexiva, que utiliza sus conocimientos de curación y sabiduría para ayudar a quienes puede. No se caracteriza por ser sociable, pero cuando incluye a alguien en su círculo es propensa a ser más abierta con dichas personas.
Poderes:
Tahiti, al ser una ondina, posee control sobre el agua, pero las costumbres de su pueblo no le permitieron trabajar dicho don desde la niñez, por lo que su control sobre dicho elemento es limitado, no utilizándolo para defenderse.
Al vivir en una tribu en la superficie, sus hábitos son mucho más élficos que acuáticos, como el dominio de un arte marcial basada en la cultura midjorita: la saizkaija, en la que el arma principal son los kerambits, que lleva siempre consigo.
Familia:
Cuando no era más que un bebé, alguien la sacó del agua, en la que vivía con otras ondinas. Una vez fuera, los miembros de una tribu guerrera midjorita del Norte la encontraron y la llevaron con ellos.
Tahiti creció en tierra, rodeada de guerreros que la introdujeron en la saizkaija, la defensa personal y la curación, a la que, más tarde, ella misma añadió algunas variaciones propias de las ondinas.
Cuando cumplió los 348 ciclos lunares (29 años), Tahiti comenzó a sospechar del pueblo que la había criado, creyendo que escondía oscuros secretos. Cuando logró descubrir qué se ocultaba tras aquellos guerreros, la tribu la expulsó, abandonándola sin nada más que sus armas en la costa de los Mares Orientales.
Tras vagar sin hogar ni comida, Tahiti encontró a Sharel y se unió a su tripulación, donde recuperó aquello que con mayor fervor deseaba devolver a su vida: una familia.
