Nombre: Intina Tesaidí. 

Raza: Hada de las Nubes. 

Nacionalidad: Crodnesa. 

Edad (en eclipses lunares enviados por Nekuna): 552 (23 años).

Descripción física:

Su piel es morena y bastante oscura, con pecas algo más claras. Tiene los ojos de tono violeta oscuro, con vetas algo grisáceas. Lleva su cabello morado largo hasta la cintura, recogido en pequeñas trenzas, con cuentas de colores. Es de complexión delgada y atlética (1,69 m). Tiene los labios redondeados y un tanto finos. No tiene cicatrices conocidas.

Descripción psicológica:

Su carácter se define como tranquilo por naturaleza, siendo Intina una persona que suele permanecer calmada durante situaciones difíciles. Su pasado y sus vivencias la ayudaron a aprender el arte de la espera y la paciencia, aplicándolos ella a diario. 

Del mismo modo, se trata de una joven bastante introvertida, pero alegre y considerablemente positiva si desarrolla algo de confianza. 

Poderes:

Tal como las demás integrantes de su especie, Intina posee control sobre el viento en estado puro, canalizándolo a través de su cuerpo y logrando así redirigirlo, modificarlo, etc. 

Además de sus habilidades superiores, Intina también posee un amplio dominio en la lucha de su pueblo original, en la Monarquía de Crodnia, cuyo nombre, sin traducción a la lengua común, se basa en la defensa y ataque con unas dagas llamadas “Kusu”, de hoja curvada en su punta. 

Familia:

Nació en una de las muchas aldeas de Hadas de las Nubes que habitaban en colonias ocultas a lo largo y ancho de la Monarquía de Crodnia, en el anonimato que las protegía del odio de la población, hasta que, cuando tenía apenas 156 ciclos lunares (unos 13 años humanos), en una de las cruzadas de exploración iniciadas por los monarcas del momento, la aldea de Intina fue saqueada y reducida a escombros por el ejército cródeno, llevados niños y niñas a la capital (Ciadinn), donde se les consideró como esclavos y fueron vendidos tanto a nobles como a la propia casa real, grupo en el que marchó la joven. 

Al llegar al palacio, tanto a Intina como al resto de los pequeños se les cortaron sus alas; último símbolo que guardaban de su naturaleza; tras esto, los utilizaron como criados y sirvientes. 

El tiempo transcurrió y, alrededor de una docena de ciclo más tarde, la corona cródnea, que había continuado con sus conquistas, hacia el Territorio Revika, llevó a la capital, de igual modo que habían hecho con las Hadas de las Nubes, a niños y niñas. Entre estos, Intina conoció a un huidizo chiquillo rubio, muy tímido, de pocas palabras, al que el rey utilizó como inventor. 

Poco después, uno de los experimentos armamentísticos del muchacho salió mal, provocando numerosas bajas mortales en el ejército. No era más que un niño asustado, pensó Intina, era de esperar que aquello sucediese, pero la corona lo condenó a muerte por “sus crímenes”, por lo que la joven decidió salvarle la vida, trazando un plan de huida. 

La noche siguiente ambos saltaron desde uno de los balcones de palacio, protegidos por la magia del hada, pasando desapercibidos en la oscuridad. Tras esto, siguieron hacia el este, atravesando Los Reinos desde la puerta comercial cródnea hasta que, finalmente, alcanzaron la costa Este, de los Mares Orientales, donde Sharel los encontró y los acogió.