
Nombre: Ghan Sharel.
Raza: Elfa común.
Nacionalidad: Midjorita.
Edad (en ciclos lunares): 420 (35 años).
Descripción física:
El mar ha aportado un tono bronceado a su piel, ya algo morena por naturaleza, ojos un tanto rasgados, de tono grisáceo, con una peca bajo el izquierdo. Tiene el cabello negro, largo hasta media espalda y ondulado, que suele llevar suelto. Su complexión es atlética, alta (1,75 m) y algo musculosa. Sus labios son carnosos y tiene una cicatriz en su mano izquierda, que recorre desde la parte derecha de la muñeca hasta el dedo corazón.
Descripción psicológica:
Sharel, pese a no soler hablar de ello, ha sufrido mucho a lo largo de su vida, estando su pasado plagado de sucesos traumáticos y, pese a todo, trata de mantenerse siempre fuerte y presente, con tal de ayudar a aquellos que le importan, es decir, su tripulación.
Tiene un gran carisma, que utiliza con frecuencia. Siempre trata de animar a los que quiere, manteniéndose positiva por ellos, pese a que, en soledad, a veces el peso de su dolor pasado y preocupación presente la abruma, encontrando una solución pasajera a ello en la bebida. Suele ser muy genuina con cuantos la rodean, hablando sin tapujos y diciendo lo que piensa.
Poderes:
Es una elfa awtavo, puesto que no posee poderes elementales. Pese a esto, su mayor don es la lucha con espadas, que domina mejor que nadie, hasta niveles imposibles, al igual que el combate cuerpo a cuerpo, en el que ha pulido su técnica durante años.
Familia:
Pese a que recuerda a sus padres, estuvieron tan poco tiempo en su vida que ni siquiera los considera “familia”; en la actualidad, sus verdaderos seres queridos son los miembros de la tripulación del Greyash, a quienes aprecia y protege más que a nadie.
Pese a esta unión, el trágico suceso por el que esta capitana tuvo que sufrir hace ya más de cuatro docenas de ciclos lunares no solo cambió su visión del futuro próximo, sino que también la hizo replantearse sus prioridades, al igual que lo que estaba dispuesta a sacrificar para proteger a quienes le importan: su honor, su dignidad y, quizás, también su propia vida.
